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DIARIO TRIBUNA

                                                            

 VERBA BRAVA

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MONTANO, CELO EDITORIAL

            

    

 

 ·Crimen organizado: A la alza

Por encargo, varias profesionales (no necesariamente profesionistas) de la comunicación–honestos y no tanto- han tenido atención especial en mencionar en sus espacios la posibilidad de que el aún hoy diputado local de la LX Legislatura, Alejandro Montano Guzmán,  pudiera incorporarse a la industria de la edición de impresos en Veracruz. 

Dichos comentarios muestran un prurito exacerbado y reprobatorio de la posible situación profesional empresarial del xalapeño que alguna vez tuvo en su corazoncito la palpitación por la candidatura a la gubernatura del estado y últimamente la candidatura priísta a la alcaldía de la capital, a la cual declinó prudentemente tras de un plática larga dentro del vehículo del Trimegistro de los pies descalzos.   

El otrora poderosísimo Secretario de Seguridad Pública, -en la realidad Jefe de Gabinete- se replegó en sus aspiraciones de gobernar el municipio cuna de sus ancestros y de él mismo, aplicando la conocida sentencia de que hay tiempos de sumarse y otros de sumirse.  

Sin embargo a una horas de que culmine su encargo como representante popular plurinominal se supone que el oteo de la tinta, el  ruido de rotativas, el bullicio de media noche, la premura de la nota, la resolución ejecutiva y comprometida sobre ciertos hechos y acontecimientos de la vida social, económica, de gobierno, deportiva, policíaca, etc, de la cotidianeidad de Veracruz, pudiera inquietarle sobremanera y no lo deje dormir tranquilamente. 

Los textos de los encargados de difundir –por encargo- la versión de que Alejandro Montano pudiera ingresar al mundo de los industriales de la comunicación deja traslucir cierta envidia, cuando que lo debiera permear es el gozo y la satisfacción de que se abran nuevas fuentes de trabajo para el gremio de los trabajadores de la comunicación. Abonando el ambiente con el renuevo de cuadros directivos, con profesionales emanados de la nueva cantera, y con pergueñadores poco comprometidos con su criterio editorial y pocos favores por pagar.  

Qué bueno que la competencia editorial se acreciente, que se atomice, que se diversifique porque entre mayor sea la oferta para el lector de periódicos y revistas, existe la posibilidad de que no se masifique la información y surjan líneas de pensamiento divergente que no necesariamente tengan que confluir en el punto que a los dueños del poder convenga para mantener una imagen pública, muchas veces tergiversada y avasallante por el hecho de comprar conciencias y criterios. Aunque claro está que reza el refrán “ya ven que el hambre es cabrona , pero es más el que la aguante..” 

Por las negociaciones que fueran, por los métodos que se dieran, por las conveniencias que satisfacieran a cada uno de los involucrados en este tipo de negocios, no deja de ser  noticia de un día, el que un servidor público estatal y después legislador (y caso contrario también se da en Veracruz, uno que primero fue legislador varias veces y ahora que es servidor público supuestamente obtuvo el 60 % de acciones de un rotativo ) incursionen en el mundo editorial con sus inversiones; es su dinero, es parte de su patrimonio y es su riesgo. 

En el punto neurálgico del riesgo del inversionista editorial debe apuntarse que el activo más importante de un medio de información es la CREDIBILIDAD, en consecuencia de quien maneja dirige y ordena la información. Y aquí hay que ver quién tiene la cola más corta para que pueda exhibir la lengua más larga. Gana no el que publica toda la verdad sino el que menos miente. 

Finalmente el lector con la acción de comprar un periódico o revista califica dicho medio, no importa que tenga formato estándar, tabloide, tamaño carta o mediacarta o sea una hoja suelta en papel de estraza a una tinta, la verdad de las cosas que pasan no requieren de barnices de lujo ni de papel cuché en selección de color; el hábito no hace al monje. 

En abundancia del tema es más difícil resucitar un muerto que hacer un nuevo niño. Esa en un momento determinado sería la tarea titánica de Montano Guzmán si cuajara lo de su incursión en los medios. 

Lo que no deja de ser cierto es que tan pronto apareciera su nombre como presidente del Consejo de Administración de algún medio de información paulatinamente bajarán los ataques mediáticos a los que ha estado expuesto sin posibilidad de defensa  desde hace tres años, le daría un grado de inmunidad después de tres años de fuero constitucional. 

¿Por qué se espantan al estilo jalogüín algunos comunicólogos? Si al fin y al cabo en el medio profesional del periodismo veracruzano desde directivos hasta amarraperiódicos –como yo- pasando por fotorreporteros, reporteros, locutores, presentadores, lectores de boletines en televisoras y radiodifusoras, columnistas, existe de todo como en la Viña del Señor. Así encontramos ex contadores de Sefiplan, del IPE, servidores públicos en activo, abogados reventados, doctores en balística, amas de casa, ex vendedores de pollo destazado, ex gorderas y moleras, profesores, ingenieros, topógrafos, mafiosos, vividores, tránsfugas del metate, borrachines consuetudinarios, ex jefes de prensa, ex choferes, flotilleros taxistas, primeras damas, licenciados en letras, investigadores de la U.V, tuberas, ex orejas, ex policías, mecánicos dentales, repartidores de periódico, obreros de fábrica de hielo, reinas del mundo gay, ratas de biblioteca, porros antisociales, indocumentados centroamericanos, fotógrafos campechanos, etc,¿de qué se espantan? 

Claro está que también se cuenta en el gremio con egresados universitarios muy respetables, con maestros de la pluma que forman opinión; pero también otros, dueños de cartas curriculares muy extensas que no tienen capacidad para escribirle una carta a Eufemia, que patean la sintaxis, que creen que la prosodia va antes que el pronobis y cada burro que dan pena ajena, ¡y aún así tienen su nicho de lectores! El mercado es amplio, para todos sale el sol. Cada escribidor tiene el lector que merece. 

No debe causar grima el que pudiera incorporarse Alejandro Montano Guzmán al mundo de los editores, total este es un mundo de competencias y ganan los mejores y los que menos mentiras publican. Ya lo dice el pensamiento popular; los médicos entierran sus errores profesionales, los periodistas los publican. Y por sus notas los conocereis.   

                            

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